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domingo, 12 de octubre de 2008

Pequeñas maravillas II La empusa pennata


En la zona donde he explorado y encontrado mantis sitúo tres especies: la mantis religiosa, la mantis común; la geomatntis larvoides, una mantis de tamaño muy pequeño; y la empusa pennata, la más bella de todas. En cautividad yo solo he logrado una hembra adulta viva, pero estaba algo deforme ya que había mudado mal.
En libertad, en verano, se encuentran las pequeñas ninfas que se caracterizan por su esbelta y bella figura y un cuerno que le sale, como a un unicornio, de la cabeza. No es una espacie voraz y tan solo ataca presas la mitad de grandes que ella, nunca más. Su alimentación es parecida que a la de las mantis flor exóticas, se resume a moscas, polillas y otros insectos alados. En cautividad rara vez aceptan algún grillo.
su coloración es perfecta para confundirse con su entorno, ramas secas; es de un marrón claro rayado con unas finas líneas de marrón más oscuro.
En la foto la hembra adulta que conseguí criar. Obsérvese que tiene las alas y algunas patas deformes.

viernes, 15 de agosto de 2008

Una empusa muy longeva


Hoy una empusa pennata hembra adulta que tenía ha muerto. Pero no escribo por el hecho en sí, sino por la historia que esconde tras ella. Esta mantis la recogí en verano del año 2007. Ha hibernado apenas comiendo para llegar hasta ahora, un año después de su hallazgo. Esta, creo que es la mantis que más tiempo vive en libertad. Su ejemplo es comparable al de la mariposa monarca, cuyo ciclo vital, al contrario del de muchas mariposas, dura un año.

viernes, 8 de febrero de 2008

Diario de una Empusa pennata V

26 DE JULIO

Un mirlo, un mirlo en aquel árbol… Una sombra negra que nos mira.
-Hay que tener vista, Rosta…-susurré.
-Díselo a Migui, el fue quien vio al Mirlo-me respondió. Migui no era la primera vez que veía a un mirlo, una vez lo vio y se salvó por los pelos: el estaba a punto de cazar una mosca regordeta cuando un mirlo le arrebató casi la mosca de las patas prensoras y el se quedó enganchado a su ala negra como la noche. Se dejó caer y estiró sus extremidades tanto como pudo para planear. El vivía más o menos a 50 metros de estos matorrales y como ese día hacia viento llegó hasta aquí impulsado por el mismo.

Estábamos mirando al mirlo. El mirlo nos miraba. Atacó. Se dirigía hacia nosotros a una gran velocidad; no nos movimos hasta que Migui grito:
-¡Al suelo!-me tiré al suelo, pero Rosta no se inmutaba, embobada; salté hacia ella por encima de Migui y la arrojé al suelo. El pico se enredo en la vegetación. El cuerpo del ave rodó levantando nubes de polvo marrón a su paso. Rodó hasta que encontró un cardo en su camino, de un violento aleteo izó el vuelo no sin desgarrarse las alas. Se posó en una rama del árbol, nos miró en tono ofendido, pero sobre todo rabioso.
-Detrás de la piedra,-nos dijo Migui-así cuando ataque se romperá el pico.
El mirlo planeó hacia tierra. Dio saltos hacia nosotros y…
-¡A correr!-corrimos, pero de un gran salto se nos puso delante.
Nos pasamos unos instantes mirándonos. Se me ocurrió una idea:
-Hagamos un amago de huir cuando se disponga a atacarnos nos dirigimos al zarzal.-susurré.
Así lo hicimos. Cuando llegamos al zarzal el mirlo nos lanzó un picotazo. El pico se cerró alrededor de un punzante trozo de zarza. Silencio. El pájaro se sacudió enérgicamente y todo aquel matorral se desprendió cayendo encima del mirlo, batió las alas hasta que le quedaron completamente inmovilizadas.
-¿Está muerto?- Preguntó Migui, una pequeña empusa.
-No.-respondí- Mírale los ojos.
Migui miró y vió unos ojos que miraban con rabia, negros, aunque parecían rojos ya que estaban cubiertos por la sangre del mirlo…

lunes, 7 de enero de 2008

Diario de una empusa pennata IV

21 DE JULIO

Hay un extraño objeto delante de mí. Es rojo, está hueco, como una cueva. ¿Qué será? Pone algo… “patatas fritas caseras, al punto de sal” ¿Fritas, qué quiere decir eso, humm, déjame pensar…? Solo conozco la expresión… la expresión estar frito, no me gusta nada, pero a pesar de ello voy a entrar a ver qué hay ahí dentro.
-Uy, uy, que alguien me salve…-dije: unas paredes color metálico, como un espejo deformado y resbaladizo se extendía hasta el fondo de la cueva, si es que lo era.
Vacilé, esto no tenía buena espina, me giré para contemplar la salida. Suponía que vería los rayos de sol reflejados en aquella extraña materia… y lo vi… Pero no vi lo que más me interesaba ver… ¡La salida no estaba allí…! Y en ese momento, si se puede decir así, me desmayé.
Cuando desperté me vi reflejado, estaba tambaleándome y andando… ¿Yo tambaleándome y andando…? No podía ser. Estaba estirado… en aquel suelo metálico.
De golpe algo se me tiró encima. Me inmovilizó… Y me gritó bien fuerte con una voz alegre:
-Por dios… ¡Que flojito que estás! ¡Soy Rosta la Vencedora!
-¡Ro… Rosta… pensaba que estab…
-Pues no lo estoy.-me interrumpió. Hecho a reír junto a mí.

Así, feliz temporalmente, acabó el día… ¿¡Vaya día ¡?

22 DE JULIO

Seguimos en esta bolsa sucia de…
-“Patas fritas braseras, un mundo de mal.”
-Vaya, ahora te da por ironizar, Rosta…
-“Tata Frida Moseras, asunto de Sam.”
-¿Asunto de Sam, de que me estás hablando?
-Nada, hago juegos de palabras con “patas fritas caseras, al punto de sal”. Así mato el aburrimiento, de momento no quiero salir de aquí, todavía estoy haciendo la digestión de la mosca que me comí ayer… OOOOOAIIIII…-bostezó Rosta.

-¡Salgo… yo salgo!-bramó Rosta
-Rosta, te dije que esto es un infierno, pero me doy cuenta que digerir la última mosca que cacé es mucho más divertido… OOOOOAIIIII…-le contesté en tono burleta a Rosta, que se subía por las paredes de… lo que sea…
El «toc, toc» de las patas prensoras de Rosta llenaba el ambiente de ruido, ¿¡Hasta que ceso?!
-Rosta, ¡¡Has encontrado la salida!!-milagro, qué feliz que estaba.
-Sí.-contestó Rosta con una mariquita en la boca.
-¡Glotona!- y nos echamos a reír.
-¡Aaaaaaaaaaadiós!-se oyó una voz aguda, brillante, juguetona. Era Gabriel. Reímos todavía más fuerte.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Diario de una empusa pennata III



13 DE JULIO
Durante estos días no ha pasado nada importante. Los tres hemos comido mucho: desde mariquitas hasta moscas. Rosta y yo hemos mudado con diferencia de un día.
Rosta el 11 de julio y yo el 10.
-Me aburro -suspiró Rosta-, voy a explorar territorios…
-¡Te acompaño! -dijo Gabriel.
-Bien, pues vamos.

Estaba cansado, somnoliento, agotado; había gastado mucha energía durante esos últimos días pese a la muda y por eso mismo…
-¡Mira ese matorral, es verde brillante! -dijo con voz excitada Rosta.
Bien, ya estamos (para entusiasmo de Rosta, y fatiga mía) en ese hermoso matorral: mariposas por todos lados, no había sido tan mala idea viajar un poco.
-Una pregunta -dijo con tono nervioso Gabriel-. ¿Eso que está al acecho entre esos dos trozos de caña es una araña?
-S…i… -respondió Rosta. Empieza la cacería: Gabriel pega un brinco bestial, Rosta y yo nos ponemos en posición amenazadora, la araña se abalanzaba sobre nosotros, Rosta atacó la araña por el lado izquierdo, yo por el derecho, la araña nos doblaba en fuerzas, necesitábamos a Gabriel.
Gabriel ya estaba lejos, muy lejos…
Nosotros seguíamos forcejeando con la araña, que nos intentaba morder como fuera. La araña, de un fuerte movimiento de patas se quitó de encima a Rosta. Cogí de una pata a la araña para impedir que se abalanzara sobre Rosta, la araña se volvió contra mí y me mordió una pata; intenté huir, pero a pesar de que lo conseguí me arrancó una parte de mi pata. La araña corrió, rápida como un rayo, hacia mí, no me podía defender, pero... ¡la araña voló! ¡Era una mantis! ¡Le debo la vida a una mantis! Nunca lo habría dicho. La mantis se comió tranquilamente la araña mientras yo me alejaba con sigilo. ¿Dónde estarían Rosta y Gabriel?
La pata me hacía daño, pero a pesar de eso seguí caminando: quería encontrar a Rosta y Gabriel lo antes posible.
-Rosta… Gabriel… Hola, soy yo.

Vi que algo se movía en el matorral. Decidí ir a investigar. Ese “algo” huyó de mí, corría mucho, pero lo seguí. Ese “algo” se paró, ya no lo vi más; donde se había parado… Allí estaba Gabriel, cantando hasta que…:
-¡Aaaaaaaaaaadiós!-se oyó una voz aguda, brillante, juguetona.
- ¿Mande?-imité por segunda vez a Gabriel. Los dos nos quedamos en el suelo, sumidos en nuestros pensamientos durante toda la noche.

16 DE JULIO
Rosta estaba sola. Se comía una mosca mientras pensaba en sus compañeros. Llevaba muchos días buscando, pero no encontraba ni a Gabriel ni a… a… no sabía cómo se llamaba… su mejor amigo. Eso la irritó tanto que sintió que ya no era Rosta, si no Rosa…
Gabriel y yo buscábamos a Rosta. No aparecía.

20 DE JULIO
-Roooooooostaaaaaaaa… -grité junto a Gabriel, ¿donde estaría?
-Debe estar muerta, se la deben haber comido… -un silencio interrumpió a Gabriel.- Has de aceptarlo.
-Lo sé, Gabriel, lo sé… -estaba demasiado triste; notaba que nunca volvería a reír en mi vida.
-Te he de dejar. Esta noche mudo y me voy a aparear…
Gabriel se fue aquella noche. Me quedé solo.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Diario de una empusa pennata 2

Aquí viene un pequño capítulo de Diario de una empusa pennata:
6 DE JULIO
Alguien se me ha tirado encima. Hemos tenido una batalla impactante, pero al final mi contrincante me ha conseguido inmovilizar y me ha gritado:
-Por dios… Qué flojito que estás. Soy Rosta la Vencedora, je, je, je… Venía a avisarte de que en la zona donde vas a cazar hay una hembra gigante de mantis religiosa, no es que esté en muy buen estado, pero es una hembra bamboleante, me quedé…
-Te refieres a la que está detrás nuestro…-interrumpí.
-Exacto…-me contestó Rosta. Un segundo después estábamos saltando entre la vegetación. Observamos a la Mantis. El miedo brotó por nuestras patas, estaba comiéndose a una pequeña ameles spallanzania.
Durante la noche tuvimos que escapar varias veces de la Mantis.

7 DE JULIO
-No es adulta-susurró Rosta.
-Pues es enorme. ¡Imagínate a una mantis adulta...!-respondí.
-¡Aaaaaaaaaaadiós!-se oyó una voz aguda, brillante, juguetona.
-¿Mande?-respondí con una voz aguda y timbrante, intentando imitar el peculiar sonido que nos había extrañado tanto. Al darme la vuelta –a parte de ver a Rosta muerta de risa— vi a un… ¿Qué…?
-Soy una geomantis larvoides macho. Gabriel es mi nombre ¿y me encuentro delante de… un… dos rinocerontes!-dijo alucinando Gabriel. Rosta, ya seria, me susurró al oído:
-¿Le digo a la Mantis que se lo coma o me lo como yo misma?
-Mira que tienes mala gaita eh, Rosta…
-¡Lo que tengo delante no son rinocerontes…!
-Eso está mejor-dijo Rosta.
-¡¡… son dos jirafas!!-alucinó Gabriel.
-Te ayudo a comértelo.-dije, pero Rosta no me escuchaba:
-¡Estúpido, te voy a hacer añicos!-Rosta ya estaba encima de Gabriel; me costó un rato separarlos…

8 DE JULIO
Llueve. Una lluvia fina pero duradera. Paró, por fin paró de llover.
-Estamos rodeados por un riachuelo —murmuró Rosta.
-Me gustaría hablar a solas con Gabriel, Rosta. De paso podríamos mirar donde está la Mantis.
-De acuerdo…—y me susurro al oído— porqué como me venga que somos jirafas me lo como con una mosca frita.
-Gabriel, vamos a mirar dónde está la Mantis —grité.
-¡El riachuelo es enorme!... Y si por eso la Mantis está delante tuyo.
-Es… —empecé.
-…verdad —continuó Rosta. La Mantis atacó, salté encima suyo e intenté cogerla por la
cabeza… No me prestó atención: había tirado a Gabriel al riachuelo. Rosta estaba en posición amenazadora, salté de la Mantis y me reuní con ella; no había rastro de Gabriel.
-Jeeeeeeeeeeeee… —habló la Mantis— Estaba impaciente para comer empusas... Siiií: estaba impaciente —revoloteó una mosca—: Rosta y yo teníamos hambre.
-Os dejaré que engordéis… Pero el riachuelo os impedirá escapar —la Mantis ya no estaba. Rosta ya se estaba comiendo una mosca cuando oímos:
-¡Aaaaaaaaaaadiós! —se oyó una voz aguda, brillante, juguetona.
-¡Gabriel! —contestamos al unísono Rosta y yo.
-Mis jirafitas, ¡dios mío! ¡No os engulló la tragona de la Mantis —se nos acercó.
-la Mantis muda hoy, je, je, podemos comérnosla mientras hace la muda: esta noche.
-Gabriel, ¿cuántas mudas te quedan para llegar a la edad adulta? —preguntó Rosta.
-¡Aaaaaaaaaaadiós! Dos, supongo. Julio… agosto… Sí, eso, espera, no, sí…Claro que…
-Entiendo… Mira esa mosca. ¡Ñam!

NOCHE DEL 8 DE JULIO
-Ssssssh-siseó Rosta. La Mantis había empezado a mudar, pero todavía se podía defender. Está llegando…
-¡Ya! ¡Al ataque! —bramó Gabriel. Nos abalanzamos contra la Mantis; estaba indefensa.
A las mantis nos gusta cazar la presa y comérnosla viva, eso de cazar una presa en grupo era algo excepcional. La Mantis intentaba defenderse, lo hacía con más agilidad de lo que pensábamos, pero pronto quedó exhausta. Empezamos a comérnosla: estaba deliciosa, no paramos hasta que estuvimos llenos.

martes, 27 de noviembre de 2007

Diario de una empusa pennata 1



En casa, entre otras especies, tengo una mantis discreta, frágil y asustadiza. Es la empusa pennata, una elegante especie que se caracteriza por el cuerno que tiene en la cabeza. Esta espacie, según sé, se distribuye en Cataluña e Italia, donde existe alguna subespecie.
Sobre esta mantis he escrito un relato que iré mostrando por capítulos:


DIARIO DE UNA EMPUSA PENNATA


26 DE JUNIO DE 2006
¡Ya he nacido! Mmh… ¡que día más soleado! Voy a pararme a descansar un poco, esta hierba esta muy tierna, ¡seguro que se posa en ella alguna mosca o algún pequeño escarabajo! El sol abrasa… ¡Que gusto!

27 DE JUNIO
Acabo de comerme una pequeña mosca, tenía un buen sabor: sabía a melocotón maduro, estaba en su punto: ni muy ácida ni muy dulce.
¡Casi cazo a una polilla muy despistada!, pero me precipité, y no la llegué a alcanzar.

30 DE JUNIO
¡Que susto!: una mantis religiosa me ha tomado por su merienda, uf que no era muy grande y con un par de ataques ha valido para despistarla y salir pitando. El día 28 me comí una mariquita de siete puntos (coccinella setempunctata).

1 DE JULIO
Me he encontrado a una compañera muy simpática que se llama Rosita aunque le gusta que la llamen Rosta, dice que este nombre tan peculiar le inspira.
Rosta es una pequeña empusa pennata como yo. Tiene las antenas muy bonitas, su cuerno es bellísimo, salta mucho y muy alto… ¡En fin, una hembra estupenda!
Creo que estoy enamorado…
Rosta me ha contado que por la zona hay muchos lagartos y me ha recomendado que valla con cuidado durante la noche… y el día.

2 DE JULIO
Tengo mucha hambre… Llevo 4 días sin comer, y va en racha.
Llueve a cántaros, aprovecho para beber un poco y así apaliar el hambre. Rosta no aparece para animarme, es un día triste.

3 DE JULIO
¡He cazado un ciempiés que había salido a pasear después de la lluvia!
Rosta me ha recitado un poema:

Llueve y llueve,
las hojas de los árboles se agitan,
un gran estruendo,
por un momento la vida muere.


5 DE JULIO
La lluvia ha parado.
“¡AAAAAAAAAH! ¿Qué es esto?”
-¿Una langosta africana, Rosta? A mí me parece el monstruo del lago Ness…
Así me puse cuando vi a una langosta migratoria delante de mí. ¡Que insecto tan impactante!
¡Qué fiero..! ¡Bestial!