Todos hemos visto alguna vez, paseando por las callejas de un pueblo cualquiera, unos reptiles ágiles y rápidos que se deslizan de noche por las paredes iluminadas por farolas buscando polillas. Yo les llamo dragones. Es un claro ejemplo de la adaptación a la ocupación humana que han tenido algunas especies. Las polillas y mosquitos acuden a la luz… ¿Qué otro mejor sitio para un depredador nocturno? Si uno se fija, pasa varias noches por la misma farola, observará que estos intrépidos animalitos suelen vivir en una sola farola. No cambian de “casa”. De día se esconden entre los hierros que unen a la farola a la pared, entre las tejas de los tejados, otro sitio muy usual son los cables que decoran la fachada. Aunque suelen ser solitarios (uno por farola), en las paredes grandes, se pueden ver por parejas. ¡En Cadaqués acerté a contar 8 en una gran fachada iluminada por un potente foco!
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domingo, 31 de agosto de 2008
Farolas y dragónes
Todos hemos visto alguna vez, paseando por las callejas de un pueblo cualquiera, unos reptiles ágiles y rápidos que se deslizan de noche por las paredes iluminadas por farolas buscando polillas. Yo les llamo dragones. Es un claro ejemplo de la adaptación a la ocupación humana que han tenido algunas especies. Las polillas y mosquitos acuden a la luz… ¿Qué otro mejor sitio para un depredador nocturno? Si uno se fija, pasa varias noches por la misma farola, observará que estos intrépidos animalitos suelen vivir en una sola farola. No cambian de “casa”. De día se esconden entre los hierros que unen a la farola a la pared, entre las tejas de los tejados, otro sitio muy usual son los cables que decoran la fachada. Aunque suelen ser solitarios (uno por farola), en las paredes grandes, se pueden ver por parejas. ¡En Cadaqués acerté a contar 8 en una gran fachada iluminada por un potente foco!
jueves, 7 de febrero de 2008
El manuscrito
Mordic enseguida se dio cuenta del mal estado del manuscrito. Unas curiosas manchas negras impedían leer el texto, escondió el pergamino en su túnica. Salió de la biblioteca sin llamar la atención, nadie podía saber que buscaba información sobre dragones, ahora que tenía un dragón nadie se lo podría arrebatar y con su ayuda crearía oro, más oro y más oro, se haría rico y sería rey, Sir Mordensen I un nombre bello, según él. Enseguida se controló, de vez en cuando sufría ataques de ansiedad. Se encerró en su choza a descifrar el texto:
Las crías de dragón no pueden sobrevivir si su madre muere. Pues, tal como demostró Sir Bórealt, la cría necesita para vivir una energía que sólo la puede transmitir la madre, por eso, cuanto más grande es la cría, más débil se siente la madre a causa de su pérdida de energía. Sólo hay una manera de sustituirla en caso de que la madre muera, según Sir Bórealt. Para eso, hay que crear una fuente de energía continua. Para lograrlo se ha de obrar de la siguiente manera: se coge un recipiente de cristal en forma de botella, se llena de agua una cuarta parte del mismo y en el agua se deposita una nuez de tres costados, pasarán tres meses para que de la nuez salga una planta y tres meses más para que salga una flor azul que impregnara el bote de energía. El bote se debe depositar a pocos metros del dragón…
Las crías de dragón no pueden sobrevivir si su madre muere. Pues, tal como demostró Sir Bórealt, la cría necesita para vivir una energía que sólo la puede transmitir la madre, por eso, cuanto más grande es la cría, más débil se siente la madre a causa de su pérdida de energía. Sólo hay una manera de sustituirla en caso de que la madre muera, según Sir Bórealt. Para eso, hay que crear una fuente de energía continua. Para lograrlo se ha de obrar de la siguiente manera: se coge un recipiente de cristal en forma de botella, se llena de agua una cuarta parte del mismo y en el agua se deposita una nuez de tres costados, pasarán tres meses para que de la nuez salga una planta y tres meses más para que salga una flor azul que impregnara el bote de energía. El bote se debe depositar a pocos metros del dragón…
lunes, 21 de enero de 2008
Sir Draco
Una flecha incendiada surcó el cielo, era la señal para que las veinte patrullas partieran a la búsqueda del Último Dragón.
Darga la había visto, lanzó un gruñido pero enseguida se volvió a concentrar en su presa.
Sir Draco dirigía a sus hombres por el bosque, tenía un aspecto desechable a causa de su poca higiene, los pocos dientes de su boca al sonreír eran visibles entre una maraña de barba negra. A pesar de su sucio aspecto era un aristócrata con casi más poder material que un rey. Su voz imperativa en la guerra se volvía algo más dulce cuando trataba con sus doncellas. Siempre había querido ser alquimista, como Mordic y siempre que podía le fastidiaba. Sabía que Mordic tenía una cría y se planteaba hacer oro con ella. Sabía que debía matar a la dragona… lo sabía…
Darga la había visto, lanzó un gruñido pero enseguida se volvió a concentrar en su presa.
Sir Draco dirigía a sus hombres por el bosque, tenía un aspecto desechable a causa de su poca higiene, los pocos dientes de su boca al sonreír eran visibles entre una maraña de barba negra. A pesar de su sucio aspecto era un aristócrata con casi más poder material que un rey. Su voz imperativa en la guerra se volvía algo más dulce cuando trataba con sus doncellas. Siempre había querido ser alquimista, como Mordic y siempre que podía le fastidiaba. Sabía que Mordic tenía una cría y se planteaba hacer oro con ella. Sabía que debía matar a la dragona… lo sabía…
domingo, 13 de enero de 2008
La orden del rey
«¿Dónde está mi hijo?» —pensaba la dragona. «Mis cinco compañeros han muerto y yo estoy sola, mi cría está en manos de esos desgraciados. ¡A l menos sé dónde está! » Una piedra cayó del techo de su cueva. Darga, la dragona se puso en guardia. Tenía hambre así que salió a cazar.
—¡Quiero ver el último dragón muerto, destruyó mi mejor ballesta! Veinte patrullas de cincuenta soldados irán en busca del maldito dragón, no volverán a ser pobres aquellos que lo encuentren, lo capturen y lo traigan ante mi presencia—. Un murmullo recorrió, como un calambre, la Sala Sellada; los mayores generales del ejercito temblaban ante tener que enfrentarse a una bestia tan feroz, pero temían aún más la ira del rey Franduque.
La biblioteca del monasterio estaba vacía, Mordic se paseaba entre los libros observando todos los tomos de aquella pequeña estantería, solo había un libro que le interesara, solo había en la biblioteca un raquítico libro de dragones.
Continuará…
—¡Quiero ver el último dragón muerto, destruyó mi mejor ballesta! Veinte patrullas de cincuenta soldados irán en busca del maldito dragón, no volverán a ser pobres aquellos que lo encuentren, lo capturen y lo traigan ante mi presencia—. Un murmullo recorrió, como un calambre, la Sala Sellada; los mayores generales del ejercito temblaban ante tener que enfrentarse a una bestia tan feroz, pero temían aún más la ira del rey Franduque.
La biblioteca del monasterio estaba vacía, Mordic se paseaba entre los libros observando todos los tomos de aquella pequeña estantería, solo había un libro que le interesara, solo había en la biblioteca un raquítico libro de dragones.
Continuará…
lunes, 31 de diciembre de 2007
Dragones
Las tierras del rey Franduque estaban siendo atacadas por seis bestias de aspecto siniestro. Seis gotas de sangre en el cielo azul. Campesinos bramaban y protegían a sus familias de aquellas lenguas de fuego naranja que salían de la boca de las bestias. Las ballestas, preparadas entre las almenas del castillo Franduque, lanzaban proyectiles incendiados contra los dragones.
Desde su pequeña choza, Mordic, el alquimista, lo observaba con un invento llamado vistalejos, compuesto por un tubo de madera y setenta y siete lentillas. Entre esos dragones, había una hembra con su cría; de pequeño siermpre había querido un dragón.
Cogió un arco y una flecha y disparó.
Dos de los dragones habían sucumbido bajo los proyectiles, sus cuerpos inhertes, llameantes, caían al suelo entre los gritos de los campesionos que reían y clavaban lanzas en sus cuerpos.
La flecha atravesó la mano con la que sujetaba a su hijo. La madre soltó al hijo a causa del dolor y el dragoncito caía, caía...
¡Flopp! En los brazos del alquimista cayó el dragoncito.
Continuará...
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